En 2025, los veteranos sobrevivientes más jóvenes de la Segunda Guerra Mundial están en sus noventa años. Los veteranos más jóvenes de la Guerra de Corea están en sus ochenta. Los veteranos de Vietnam están en sus setenta. Cada año, miles de estos hombres y mujeres mueren — y con cada muerte, un registro específico, encarnado e irremplazable de experiencia histórica se pierde para siempre.
El Veterans History Project de la Biblioteca del Congreso ha recopilado más de 110.000 testimonios de veteranos desde el año 2000. La USC Shoah Foundation ha recopilado más de 55.000 testimonios del Holocausto. Estos son logros extraordinarios — y representan una pequeña fracción de las historias que existían cuando comenzaron a recopilar.
La mayoría de los veteranos no le dan sus historias a las instituciones. Se las dan a sus familias — o no se las dan a nadie. Muchos veteranos, particularmente los que experimentaron combate, no hablaron de sus experiencias durante décadas. Algunos nunca hablaron de ellas en absoluto. El silencio era una forma de protección: de sí mismos, y de sus familias, a quienes sentían que no podrían soportar el peso de lo que habían visto.
Pero el silencio está terminando, de una manera u otra. Los veteranos están en sus años finales, y muchos están ahora más dispuestos a hablar que cuando tenían cuarenta o cincuenta — porque la urgencia del tiempo finalmente ha superado el hábito del silencio.
Si tienes un veterano en tu familia, este es el momento. No necesitas preguntar sobre los horrores — esos quizás nunca puedan compartirse, y esa elección merece respeto. Pero puedes preguntar sobre el antes: quiénes eran antes de partir, por qué se alistaron o fueron reclutados, qué sabían del mundo a los dieciocho años. Puedes preguntar sobre el después: cómo volvieron, qué encontraron, qué les costó la transición. Puedes preguntar qué aprendieron — sobre sí mismos, sobre la humanidad, sobre lo que las personas son capaces de hacer, para bien y para mal.
Estas son las historias que los libros de texto no pueden contener. Deben ser contadas por las personas que las vivieron. Y esas personas están, ahora, casi todas juntas en el umbral de la despedida.
No Esperes Hasta Que Sea Demasiado Tarde
Cada día sin una grabación es una historia que quizás nunca se cuente. Empieza a preservar la voz de tu familia hoy — con una sola llamada.
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